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Carga mental y falta de libido en la mujer

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Ester Iborra

Enfermera y sexóloga

¿Qué es la carga mental?

Son todas aquellas demandas mentales o cognitivas que conllevan algunas tareas, ya sean domésticas o laborales . Por ejemplo: la planificación del menú semanal en casa para toda la familia, organizar la lista de la compra, buscar el día en la agenda para ir al mercado, cocinar, etc.

La carga mental no son tareas en sí pero suponen un sobreesfuerzo mental o cognitivo que puede acabar afectando al bienestar físico y psicológico de las mujeres ya que, suele ser en ellas en las que recaen todas estas tareas en la vida familiar o doméstica. La libido se puede ver afectada como parte de la sexualidad de la mujer en cualquier etapa vital.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo realizada por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de 2023, las mujeres realizan 12.5 horas más a la semana de cuidados no remunerados que los hombres y hemos de tener en cuenta que las familias monomarentales están aumentando en número (en España en 2019, de los 1,9 millones de hogares monoparentales, más de 8 de cada 10 están encabezados por mujeres) con lo cual más número de mujeres no cuentan con apoyo de una pareja y has de recurrir a apoyos familiares (que serán otras mujeres, madres, hermanas, amigas, etc.).

¿Qué suponen estas cifras para la sexualidad y la libido de estas mujeres?

Como todo estrés físico o emocional, supone una alteración en los ejes neuroendocrinos y por tanto, no es de extrañar que, en esta situación, una mujer no tenga libido. Ya en el año 2010 se estudiaron las diferentes respuestas al estrés de hombres y mujeres y se empezaron a intuir las diferencias en la sensibilidad al cortisol y el efecto de los estrógenos en esta sensibilidad. 

Los niveles altos de cortisol prolongados en el tiempo nos predisponen a desarrollar problemas de salud mental -ya que es neurotóxico- como por ejemplo, la depresión.

Se ha visto que los estrógenos nos hacen menos sensibles al cortisol y, por tanto, a sus efectos. Esto podría explicar porque en la fase folicular, cuando los estrógenos son altos, tenemos mayor tolerancia al estrés, y al contrario, en fase lútea esto se invierte y disminuye nuestra tolerancia al estrés, al igual que en perimenopausia (y cuando una mujer toma anticonceptivos hormonales) cuando los estrógenos van bajando.

¿Y por qué te cuento todo este rollo de las hormonas?

Pues porque, aunque las hormonas no lo son todo en la construcción del deseo, no será lo mismo tenerlas todas en contra que a favor. Si sabemos que los estrógenos elevados alrededor de la ovulación se relacionan con una libido mayor, entonces buscaremos tener un ciclo ovulatorio saludable para que las hormonas estén de nuestra parte. Eso sí, tener en cuenta que, sobre todo, en la segunda mitad del ciclo (desde la ovulación hasta la menstruación), el estrés nos afecta más y puede producir alteraciones en el ciclo.

En cambio, en la perimenopausia, como ya sabemos que el estrés nos afecta más por esos cambios hormonales y lo llevamos peor, y eso, irremediablemente, repercutirá en nuestra libido.

¿Qué necesitamos para mejorar nuestro deseo?

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Además de necesitar un equilibrio hormonal óptimo (y ya sabes que el cortisol en exceso se carga el ciclo menstrual), para poder trabajar nuestro deseo, necesitamos varias cosas:

-Autocuidado: tiempo y espacio para nosotras. No solo para la sexualidad en sí misma, sino para conectar con el placer desde otro lugar. Si ponemos conciencia y buscamos esos momentos para darnos placer ya sea dando un paseo, leyendo, pintando, cantando o simplemente no haciendo nada, nos será más fácil abrirnos al placer sexual. Ponernos en primer lugar es el primer paso para mejorar nuestra libido. Si tenemos que cuidar de nuestras criaturas, de nuestra pareja, de familiares dependientes, trabajar y llevar la carga doméstica, lógicamente no vamos a tener ni un minuto para nosotras mismas y nuestra libido difícilmente hará acto de presencia.

-Autoconocimiento: conocer nuestro cuerpo, qué nos gusta, cómo nos gusta, como NO nos gusta, etc. Nuestros gustos, necesidades y formas de relacionarnos evolucionan y crecen con nosotras. La carga mental que parece venir ligada a la vida adulta y familiar es un factor que limita el tiempo que pasamos con nosotras mismas y el que nos dedicamos a explorar y conocer cómo evoluciona nuestra sexualidad y nuestro deseo. 

-Seguridad: durante un acto sexual, en el momento que precede al orgasmo, para que este ocurra, debemos soltar el control para dejarnos llevar por el placer y llegar al clímax. Por este motivo debemos de estar en una situación de seguridad y confianza, ya que si estamos vigilantes o intentando controlar la situación, el orgasmo no llegará y eso puede hacer que aumente nuestra frustración y perdamos poco a poco el deseo. Es muy difícil soltarse y dejar el control de lado si tienes una lista mental de tareas pendientes que hacer cuando acabes de tener sexo.

¿Soluciones?

1- La corresponsabilidad en la planificación y organización de la vida familiar supone que los hombres asuman la parte que les corresponde y que nos ha sido impuesta a la mujeres por el mero hecho de serlo. A ellos nadie les llama egoístas por ir a jugar al fútbol con sus colegas, pero nosotras sí lo somos si vamos una hora a tomar un café con una amiga (pasar tiempo con tus amigas es fundamental) o dar un paseo.

2- Empezar a darnos ese tiempo de autocuidado y placer. No dejarnos siempre como última prioridad del día. Puedes darte un rato después de acostar a las criaturas o buscar ese hueco en el día en que puedas tener media hora de tranquilidad para hacer lo que te apetezca. 

3- Delegar lo que puedas. A veces somos nosotras mismas las que nos decimos que debemos hacernos cargo de todo para que esté perfecto -del perfeccionismo ya hablaremos otro día- 

4- Hay medicamentos que pueden afectar a la libido como los anticonceptivos hormonales o la terapia hormonal de la menopausia. Consulta con tu especialista si tomas medicación.
5- Si a pesar de todo lo anterior no estás feliz con tu deseo puedes acudir a tu médica o médico de familia y revisar mediante una analítica sanguínea cómo están tus hormonas y otros marcadores como el hierro, la vitamina D, etc.

Ester Iborra enfermera y sexóloga

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